miércoles, 27 de octubre de 2010

BANG-BANG

Había llovido durante todo el día. Salí de casa por la mañana sin paraguas, así que a esas horas me hallaba mojada de pies a cabeza. Mi reloj marcaba las 00:00. La hora perfecta pensé.
Estaba decidida, ése iba a ser el día y nada ni nadie iba a detenerme.
Empecé a andar bajo la lluvia, llevaba la capucha de la sudadera puesta, aunque no servía nada, mi pelo seguía chorreando. 
Lo tenía todo preparado, iba a ser perfecto, iba a ser la mayor sorpresa que podía darle. 
Miedo? No..eso dejé de sentirlo hacía años. Nervios? Tal vez, unos pocos..más que por su reacción, diría que eran por cómo iba a hacerlo yo.
Ahí estaba, plantada en la puerta. Tenía todo el lápiz de ojos corrido y mis labios estaban lilas y tiritando por el frío. Que mala pinta debía tener. Saqué las llaves y abrí sigilosamente. Entré. El salón estaba oscuro y ahí estaba él. Con su portátil y colgado al teléfono como siempre. Dijo hola sin mirarme. Y no me lo pensé dos veces. Disparé. 
Recuerdo como el sonido del disparo rompió con la paz y tranquilidad que se respiraba aquélla noche, solo rotas por el sonido de la lluvia. Pronto se oyeron las sirenas de policías y ambulancias, el murmullo de los vecinos.
Me fui. Por fin era libre. No más discusiones, no más golpes en los brazos, en la cara, no más humillaciones. Pero ahora yo tenía que huir. 
Ahora era una asesina.

martes, 19 de octubre de 2010

Russian Red

Lo único que sabía de ella era el nombre de su pintalabios. 
Se lo dejó en la mesita de noche hacía apenas unas horas.
Tenía que encontrarla, tenía que decirle que la amaba.
No tenía ni idea de por donde tenía que empezar a buscar,
así que me limité a seguir la única pista que tenía: el pintalabios.
Busqué por todo, únicamente fijándome en las chicas de labios rojos.
Me di por vencido, estás chalado, pensé. Así que me fui a un bareto 
al que solía ir años atrás.
Y ahí estaba ella. Sentada en la barra, fumando un cigarrillo tras otro,
marcándolos con ese color, el color que llevo buscando todo este tiempo.
Se giró y sus labios rojos dibujaron una gran sonrisa. Y ahí estaba él.
Borrando la única pista que me había llevado hasta ella.


-¿Por qué sonríes tanto?
-¿Es malo hacerlo?
-No,pero es que siempre lo haces.¿Nunca estás mal?
-Sí,casi siempre,pero eso no es motivo para no sonreír.